Contratos públicos que no salieron bien

Lo cierto es que, si quieres entablar conversación con una persona a la que no conoces, la contratación pública no es la mejor de las opciones. Salvo en selectos círculos sociales, no podemos decir que los temas relativos a la compra pública pueda dar lugar ni a fructíferas conversaciones de ascensor del tipo "pues parece que el plazo de presentación de ofertas se ha quedado corto" ni, desde luego, a hacer amigos. Sin embargo, más que una cuestión de temática, es una cuestión de forma, y es que el cine está lleno de historias de contratación pública que han sido clave para auténticos taquillazos. No estamos hablando de la actividad delictiva de la contratación, que da para cosas como El Padrino sin ir más lejos, sino de contratos legales (más o menos) que salen rana. Si tenéis alguna duda, quedaros con nosotros en este post y veréis que, efectivamente, unos personajes con una mayor profesionalización darían lugar a un mundo más seguro y a películas o sagas mucho más cortas.

Tiburón: negociado con publicidad que se gestiona con medios propios

Cuando el alcalde de Amity Island, epítome de los responsables políticos en tiempos de crisis, convoca a comerciantes y negocios del pueblo para tratar la amenaza que supone un tiburón que se merienda bañistas en temporada turística, un misterioso hombre, llamado Quint ofrece sus servicios para matar al tiburón. Se trata de un contrato llave en mano, pero dado que no hay licitación ni nada, podemos decir que es un negociado (aunque se negocia poco) con publicidad, porque están todos los comerciantes delante. El caso es que Quint, que tiene miedo de los "ojos muertos" de los tiburones (mal negocio ha cogido para meterse), primero mata al tiburón que no es, pero el responsable del contrato, el Sheriff Brody, dice que no hace la recepción del contrato. Finalmente, el Responsable del Contrato tiene que ir con una consultoría externa (Hopper, encarnado por Richard Dreyfuss) y el propio contratista a por el tiburón.

Resultado final: el contrato se resuelve después de abandono (forzado) del contratista y demostrándose que, desde el principio, se podría haber cubierto la necesidad con medios propios subcontratando, como mucho el transporte y la botella de oxígeno.

Bienvenido Mister Marshall: la captación de oportunidades y los PERTEs en los años 50 del siglo pasado

En la reconstrucción de una Europa asolada por la Guerra Mundial, el Plan Marshall era la opción para salir adelante de muchos pueblos. En este contexto, la mejor manera de salir del pozo de una España en postguerra era agenciarse un pellizco de las ayudas (que no pasaron por aquí). El caso es que un avezado Don Manolo (Manolo Morán) ejerce de pionero de lo que hacen las Big Four, y propone al alcalde de Villar del Rio (Pepe Isbert) un plan para conseguir un pellizquito. Cambias Guerra por Covid, Manolo por una de esas consultoras y pellizquito por PERTE y es como si estuviéramos en la actualidad. El caso es que el ayuntamiento contrata la asesoría para la detección de oportunidades y captación de fondos y Manolo, que es un avezado consultor senior (al menos por edad) sabe que la mejor manera de conseguir un PERTE es llegar al corazón de quien gestiona las subvenciones.

Resultado final: pese a las promesas de la consultora que gestiona los fondos, el rescate pasa de largo aunque el pueblo haga malabares y se vista de flamenco. Eso sí, el alcalde, que nunca dio la explicación que debía a los vecinos (a riesgo de ser amonestado por el Consejo de Transparencia y afeado por Transparencia Internacional), achaca a la mala suerte y no a la ineptitud que la cosa salga mal. El Tribunal de Cuentas no estoy tan seguro de que sea igual de comprensivo.

Spiderman (2002): el Duende Verde y la compra pública innovadora que se va de las manos.

En la primera Spiderman (bueno, si obviamos la de los años 70) ya podemos apreciar cómo la compra pública innovadora estaba a tope en EEUU. El General Soclum está en el proceso de la compra de material armamentístico nuevo y, en dicho proceso, está a punto de descartar la propuesta de armadura de Norman Osborn y su empresa Oscorp por la de Quest Aerospace. Norman Osborn no parece estar del todo de acuerdo, y de hecho, el contratante (general Soclum) dice que está deseando quitárselo de en medio. En lugar de hacer lo recomendable (recurrir el procedimiento por enemistad manifiesta), Norman Osborn monta en cólera (y en un aeroplaneador) y el resto es historia.

Resultado final: Ni norman se queda con el contrato, ni Quest Aerospace se queda con armadura ni el contratante se queda con la cabeza sobre los hombros. Podríamos decir que Osborn no saca réditos de su producto (que parece más competitivo que el de Quest Aerospace) pero se queda a gusto. Hasta la fecha, no podemos confirmar ni desmentir que la reacción del Duende Verde tenga que ver con que haya pasado suficiente tiempo en el Portal de Contratación del Estado buscando la licitación en cuestión.

Iron-Man 2: exclusividad de la innovación.

Después de vencer a su socio empresarial en Iron Man I, donde vemos una demostración comercial de armas que no sé yo como se gestionaría con una Mesa de Contratación en España, Tony Stark se enfrenta a un rival aún más terrible, el código de comercio de EEUU. Y es que, por un lado, como dice el genio vendedor de armas, Iron Man "privatiza la guerra", lo que no deja de ser un monopolio, mientras que el principal contratista del Departamento de Defensa (Justin Hammer) está intentando que, o bien libere la patente, o copiarla o, directamente, ilegalizar Iron Man. Todo esto, como es de esperar, se complica.

Resultado final: tras fracasar en sus intentos de hacerse con la tecnología de Iron Man, Hammer intentará matar a Tony Stark. Mientras tanto, entendiendo que es un monopolio, la compra de War Machine se realizará, lógicamente, mediante procedimiento negociado sin publicidad o, quizá, un restringido. Nótese, además, que James Rhodes (el piloto, no el pianista pizpireto que habla español) es el responsable de compra pública de la fuerza aerea Y pilotará el armadura. No sé a qué esperan los jefes de servicio de contratación para conseguir la suya.

Terminator: cuando no defines exactamente bien del todo el tamaño del alcance

Ya os digo que el tema militar da para mucho salseo en la contratación pública. Nuestro siguiente caso es el sistema neuronal de defensa Skynet (o Titan), desarrollado por Cyberdyne para, bueno, lo que hacen los sistemas de defensa. En este caso Skynet cumple objetivos por encima de lo previsto y se vuelve autoconsciente. Ante el riesgo de que el contrato se suspenda por incumplimiento (o con el afan de facturar más pidiendo una modificación del importe por mejoras), el equipo técnico del contratista intenta parar la máquina.

Resultado final: Skynet se da por aludida y desata el apocalipsis nuclear, lo que claramente está fuera del alcance previsto y no debería estar en el pliego de prescripciones técnicas (espero). Es posible que si que lo hubiera, tipo "el contratista se abstendrá de aniquilar a la raza humana sin la petición expresa del contratista y el jefe de proyecto, previa reunión del comité de dirección", pero, en todo caso, no creo que hubiera posibilidad de exigir compensación dado que la humanidad habrá desaparecido. También hay que decir que en Cyberdyne pueden dar por perdida la fianza. Como nota adicional, para que veáis el que en todas partes cuecen habas, la explicación del acento alemán del cyborg del futuro es resultado de una corrección no supervisada de un problema del cyborg asesino en cuestión.

24: cuando el proveedor no sabe qué hacer para conseguir una prórroga

Saltamos a la pequeña pantalla para recordar 24, la serie protagonizada por Jack Bauer tan frenética que no daba tiempo para hacer mesas de contratación, y todo tendría que salir por procedimiento de urgencia. En la segunda temporada, Jack tiene que sobrevivir en el mismo día a una explosión nuclear sobre Los Ángeles, motines y un Golpe de Estado vía 25ª enmienda y su hija amenazada por un gato montés en un día complicado, pero por debajo de la media de este hombre.

Resultado final: Todo este jaleo es resultado de que una compañía de mercenarios que tiene asignados varios millones en contratos de seguridad en un país vecino quiere detener los planes de retirada que tiene el presidente Palmer y que, lógicamente, acabaría las probabilidades de prórroga del contrato. Quizá un tanto excesivo y, de paso, no sé si se daba el plazo de preaviso para la prórroga si iban a tener que sacar una extensión por urgencia, la verdad.

Fraude en las condiciones de producción: Para toda la humanidad

Otra pequeña serie, algo más reciente pero muy recomendable, es For All Mankind. En ella se trata un mundo alternativo en el que los soviéticos llegan primero a la Luna. El caso es que la carrera espacial ha sido (incluso en la vida real) un elemento clave para la gestión de organizaciones públicas y eso incluye la contratación. En este sentido, en la serie de Apple, en el sexto capítulo hay un accidente en el lanzamiento de un cohete (no tienen su Apolo 13, pero si su Apolo 1) muriendo un montón de personal de tierra, pero no los astronautas. El caso es que, igual que con el Challenger, hay una investigación interna acerca de las causas.

Resultado final: el investigador del caso, Werner Von Braun (que en la realidad diseñó los cohetes americanos) descubre que ha habido un cambio en los suministros de piezas definidos por él (que como buen alemán, es muy metódico) dándole el nuevo contrato a una empresa de Illinois bastante peor que la que él había definido. Es el típico caso en el que se recurre a un cambio de suministros sin obedecer a criterios técnicos y luego, pues se lía parda.

Robocop: la gestión de servicios públicos con intereses espurios.

El futuro en los años 80 parecía bastante turbio. No voy a decir que estemos bien, pero diría que el futuro distópico de Robocop (la buena, la de Verhoeven) está un poco peor que lo de ahora. En el Robocop original la ciudad de Detroit está tan marcada por la inseguridad derivada de la pobreza y las drogas que el Ayuntamiento de la ciudad no da a basto con la policía (que está en huelga) y está pensando en externalizar la seguridad de la ciudad. Es decir, tenemos un contrato de gestión de servicios públicos en el que está concurriendo la compañía OCP, que tiene en el proyecto Robocop uno de sus puntos fuertes. Sin embargo, no todo está tan claro.

Resultado final. La gente de la OCP está bastante interesada en desbordar a la policía de la ciudad y mata dos pájaros de uni tiro (bueno, muchos tiros y no los mata del todo). Por un lado mata a un policía aumentando el malestar del cuerpo y, por el otro aumenta el miedo en las calles. Sin embargo, el policía al que no matan (y será la base humana de Robocop, Murphy) descubre que ha habido una conspiración y va a pedirle cuentas al CEO de la OCP y entonces.... descubre que en su algoritmo hay una norma oculta (la primera directiva) , que es no dañar a los empleados de OCP. Aquí tenemos claramente un problema de transparencia en los algoritmos, derechos de propiedad intelectual aplicado todo ello a la compra innovadora.

Como podéis ver, la contratación pública da mucho juego en películas muy taquilleras ... sobre todo cuando no se hace bien. El caso es que a nadie le gusta ver que se hace el trabajo mal, pero como diría John Ford, si los indios disparan a los caballos de la diligencia, no habría película, y lo mismo se aplica a las buenas prácticas de contratación pública. Así que esperamos que la mala contratación sea más cosa para las películas y el resto se haga como se tiene que hacer.

¿Y tú, conoces más ejemplos como estos?

Dec 28, 2021
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