La transparencia y la contratación pública son dos caras de la misma moneda. En este episodio de Mesa de Contratación, conversamos con Anabel Beltrán, una profesional con una trayectoria excepcional que ha transitado desde la fiscalización y la gestión de grandes eventos como la Expo 2008 hasta la vanguardia de la transparencia en el Gobierno de Aragón. A través de su experiencia, analizamos cómo la apertura de datos no es solo un deber legal, sino una herramienta estratégica para mejorar la gestión pública y recuperar la confianza de la ciudadanía.
Acerca de Anabel Beltrán
Anabel Beltrán es empleada pública del Gobierno de Aragón con 36 años de trayectoria. Su carrera en la contratación pública ha sido poliédrica: comenzó en la Intervención, pasó por la gestión directa como responsable de contratación en la Exposición Internacional de Zaragoza 2008 (donde gestionó más de 4.000 contratos) y desempeñó roles clave como secretaria de la Junta Consultiva de Contratación Administrativa de Aragón y miembro de su Tribunal de Contratos. Actualmente, vuelca toda esa experiencia en el ámbito de la transparencia, ejerciendo como Jefa de Servicio de Transparencia del Gobierno de Aragón y secretaria del Consejo de Transparencia de Aragón.
Las 10 claves sobre transparencia y contratación pública
- La doble vertiente de la transparencia: "Existe una transparencia operativa para los operadores económicos, indispensable para que el mercado funcione, y otra relacional para la ciudadanía, que busca entender en qué se gastan sus impuestos".
- Claridad frente a cantidad: "La transparencia del siglo XXI ya no consiste en publicar miles de datos en bruto, sino en hacer que esa información sea comprensible y asequible para cualquier ciudadano".
- El "minuto cero" de la contratación: "La planificación estratégica es fundamental; antes de licitar, hay que dedicar tiempo a pensar qué alternativas existen y por qué vía es mejor conseguir un suministro o servicio".
- Rendición de cuentas en la ejecución: "Parece que el expediente termina cuando se adjudica el contrato, pero es ahí donde empieza la verdadera gestión. La ciudadanía tiene derecho a saber si las obras se terminan en plazo y por qué hay modificados".
- La transparencia como mejora de la gestión: "Si un ciudadano te pide un dato que no tienes, lo primero que debes preguntarte es por qué no lo tienes; esa petición te obliga a profesionalizar y mejorar tu propio control interno".
- El fin de la jerga administrativa: "No podemos pretender que un ciudadano sepa qué es un perfil de contratante o el DOUE; debemos ofrecer la información en los registros y formatos que la gente utiliza".
- La contratación como eje de la vida diaria: "Todo lo que nos rodea, desde el autobús urbano hasta el comedor escolar, es contratación pública. Explicarlo así ayuda a que la sociedad valore lo público".
- Lecciones de la pandemia: "Durante el COVID-19 demostramos que es posible publicar la contratación de emergencia casi en tiempo real. Fue una prueba de que, cuando hay voluntad y necesidad, la transparencia funciona".
- Resistencia al cambio: "Todavía existen miedos al daño reputacional o al uso periodístico de la información, pero los datos públicos son de la ciudadanía y ocultarlos solo genera más desconfianza".
- La necesidad de automatización: "La gran asignatura pendiente es rentabilizar esfuerzos; si tuviéramos una contratación electrónica real de principio a fin, la transparencia sería simplemente abrir una ventana a los datos que ya existen".
La conversación con Anabel Beltrán
Has pasado por la intervención, la gestión de la Expo, la Junta Consultiva y ahora la transparencia. ¿Cómo ha sido ese viaje?
Ha sido un recorrido muy completo. Empecé en el control, lo que me dio una visión de cómo se debían hacer las cosas. Luego, la Expo 2008 fue el gran reto: gestionar 4.000 contratos en tres años para construir y explotar un evento de esa magnitud. Tras pasar por el asesoramiento en la Junta Consultiva y el Tribunal de Contratos, decidí dar un giro hacia la transparencia. Me di cuenta de que, por muchas normas que hiciéramos, la contratación no siempre era más ágil. La transparencia me ha devuelto la ilusión porque permite conectar la gestión con el bien común de forma directa.
La diferencia entre transparencia para empresas y para ciudadanos
¿Cómo valoras la evolución de la transparencia en la contratación en esta última década?
Me gusta insistir en que hay dos transparencias. Una es la que siempre ha existido hacia los operadores económicos, sin la cual no habría competencia. Pero la otra es la transversal, la dedicada a que la ciudadanía sepa en qué se gastan los recursos públicos. Nuestra ley aragonesa es muy clara: la transparencia hacia la ciudadanía es independiente de la de los operadores. A veces, a un ciudadano que pide un pliego se le dice que lo busque en el perfil de contratante; eso es un error. El ciudadano no tiene por qué conocer la jerga técnica; si te pide un PDF que tienes en el ordenador, envíaselo.
¿Es difícil traducir esa "jerga" de la contratación al lenguaje ciudadano?
Mucho. A los profesionales nos cuesta distinguir procedimientos, así que imagina al ciudadano. Mi trabajo ahora es hacer que la contratación sea asequible, que la gente entienda qué es un contrato a través de datos sencillos, infografías y gráficos. Lo que la ciudadanía busca es entender el servicio: cuándo se cambian las televisiones de un hospital o cuánto cuesta el comedor escolar de sus hijos.
Lo que la contratación puede aprender de la transparencia
¿Qué principios de la transparencia podrían mejorar la contratación pública?
Sobre todo la claridad y la rendición de cuentas. En España, a veces nos enteramos de los problemas en los contratos años después, a través de informes de fiscalización. Si la información fuera inmediata y cubriera todo el ciclo de vida, desde el anuncio hasta la ejecución final, el control sería mucho más efectivo. La ejecución es la gran olvidada; nos extenuamos en la licitación y, cuando adjudicamos, parece que el trabajo ha terminado, pero es ahí donde surgen los modificados y los problemas reales que afectan a la gente.
¿Y en sentido inverso? ¿Qué aporta la "liturgia" de la contratación a la transparencia?
La contratación siempre ha tenido una cultura de "luz y taquígrafos", como las mesas públicas donde se abrían los sobres frente a los licitadores. Ese concepto de que el dinero público debe gestionarse a la vista de todos lo he llevado a otros ámbitos. Por ejemplo, si en una subvención una entidad recibe puntos, cualquier ciudadano debería poder comprobar esa documentación, igual que se hace con las ofertas de un contrato. El ejemplo de la contratación me sirve para rebatir resistencias sobre la confidencialidad en otros gastos públicos.
Planificación y resistencias culturales
Se habla mucho del cambio cultural. ¿Cómo convencer a un gestor desbordado de que sea más transparente?
La transparencia obliga a hacer las cosas mejor. Si un ciudadano te pide datos comparados sobre el coste del agua en los últimos diez años y no los tienes, el problema no es la petición, es que tú como gestor deberías tener ese estudio para licitar mejor la próxima vez. La transparencia es una herramienta de mejora interna. Además, es la única forma de combatir el descrédito actual hacia lo público. Cuando das un dato bien explicado y reutilizable, la respuesta del ciudadano suele ser de agradecimiento y confianza.
¿Cuáles son las mayores resistencias que encuentras hoy en día?
Uno de los mayores retos es la publicidad de la subcontratación. Nuestra ley exige publicar los datos de las cadenas de subcontratistas, pero es casi imposible obtener esa información de los gestores. A menudo ni ellos mismos tienen esos datos de forma accesible. Por otro lado, la pandemia fue un punto de inflexión. Fuimos capaces de publicar toda la contratación de emergencia semanalmente, algo que antes parecía ciencia ficción. Eso demostró que, con automatización y voluntad, la transparencia real es posible.
El papel de las unidades promotoras
¿Qué mensaje le darías a las unidades que proponen los contratos para que apuesten por la transparencia?
Que se den cuenta de que la contratación interesa a la gente corriente. El 15% de nuestras solicitudes de acceso a la información son sobre contratos. No nos preguntan por trámites administrativos, sino por los servicios que les afectan. Debemos rentabilizar esfuerzos: si tuviéramos una administración electrónica real, no habría que "tejer y destejer" datos para distintos órganos. La transparencia sería simplemente un visualizador amigable de una gestión que ya es digital. Al final, todos somos ciudadanos y nos debería importar que cada euro público se gaste de la mejor manera posible.


