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Covid, Fondos Europeos y Objetivos de Desarrollo Sostenible: una nueva era para la contratación pública

La contratación pública atraviesa un momento de cambio profundo, impulsada por la necesidad de recuperación tras la crisis sanitaria y la urgencia de integrar objetivos de sostenibilidad. En este contexto, la transición de un modelo basado en el procedimiento hacia uno centrado en el proyecto y el valor social se vuelve indispensable.

Acerca de José María Gimeno Feliú

José María Gimeno Feliú es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Zaragoza y una de las voces más autorizadas en España en materia de contratación pública. Director del Observatorio de Contratación Pública y responsable del Anuario de Contratación Pública, participa activamente como asesor en diversos comités técnicos y académicos, promoviendo una visión estratégica y transformadora de la compra pública.

Las 10 claves sobre contratación pública y ODS

  1. Cambio de filosofía: Debemos superar la visión de la contratación como un simple procedimiento administrativo para visualizarla como un proyecto de inversión.
  2. Orientación al resultado: El foco debe estar en el valor que recibe el ciudadano y en la calidad de la prestación, no solo en el cumplimiento de pasos burocráticos.
  3. Reseteo burocrático: Es necesario eliminar toda burocracia que no aporte valor real al interés general, agilizando los procesos para responder a necesidades urgentes.
  4. Superación del criterio precio: El precio más bajo puede falsear la competencia; el objetivo debe ser la compra de valor y sostenibilidad.
  5. Contratación como herramienta: El derecho no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que debe interpretarse desde un contexto finalista para alcanzar la eficacia.
  6. Profesionalización necesaria: Se requiere una política de Estado que capacite tanto a gestores públicos como a empresas privadas para manejar las nuevas reglas del mercado.
  7. Integración de los ODS: Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no son una moda, sino que forman parte del ADN de una buena administración del siglo XXI.
  8. Visión amplia del objeto: Aspectos como el desempleo juvenil o la protección ambiental deben considerarse elementos que aportan valor, incluso si son indirectos al objeto del contrato.
  9. Cultura de cooperación: El futuro de la contratación pasa por un modelo de colaboración entre el gestor y el mercado, superando la desconfianza mutua.
  10. Rendición de cuentas: Avanzar hacia un sistema de gestión por objetivos donde la transparencia y el manejo de datos permitan una planificación más inteligente.

La conversación con José María Gimeno Feliú

¿Cuáles son los retos actuales de las administraciones en este contexto de post-pandemia y ODS?

El gran reto es cambiar la filosofía de la contratación pública. Hay que superar la visión de la contratación como mero procedimiento para visualizarla como proyectos. La Unión Europea, con los fondos Next Generation, nos obliga a poner en revisión dogmas que ya no funcionan. Debemos centrar la atención en el servicio al interés general y en el resultado final. Toda burocracia que no aporte valor debe ser reseteada o eliminada, poniendo el acento en la calidad de la prestación y superando modelos puramente economicistas.

El impacto de la crisis sanitaria

¿Cómo ha impactado la crisis del COVID-19 en nuestra interpretación de la contratación pública?

Ha impactado más de lo que parece, evidenciando debilidades en la planificación y demostrando que existía una burocracia innecesaria que actuaba como freno. La crisis nos ha enseñado que el máximo nivel de tensión competitiva no siempre es lo más aconsejable si el resultado urge. Hemos visto el valor de la compra anticipada y coordinada, y la importancia de la profesionalización. Al final, la COVID-19 puso de relieve que las normas deben interpretarse desde un contexto finalista: el derecho es una herramienta para llegar a resultados óptimos de eficacia.

¿Nos hemos dado cuenta de que, detrás de las normas, existe un mercado con reglas propias?

Absolutamente. Hemos visto el mercado con toda su crudeza y las consecuencias de políticas que incentivaron la deslocalización por buscar el menor precio. Eso tiene un coste social y fiscal enorme. Europa debe replantear su modelo para ir unida, porque en un contexto globalizado y neoliberal, si no fijamos estrategias propias, tenemos todas las de perder.

En situaciones críticas se ha llegado a ocultar precios por estrategia competitiva. ¿Cómo encaja esto con la transparencia tradicional?

A veces se tiene la mala comprensión de que el fin de la contratación es la competencia, pero no es así. Es la competencia la que debe adaptarse al contrato público, porque lo que prima es el interés general. Si este interés aconseja proteger la confidencialidad para garantizar el suministro de un bien esencial, eso es más importante que el mercado. La administración sirve al interés general, no a los intereses particulares de las empresas.

Prácticas de futuro y fondos europeos

¿Qué prácticas de las implementadas recientemente han llegado para quedarse?

Todo el ecosistema electrónico debe ser ya una realidad. Me gustaría creer que el manejo masivo de datos se consolidará para que las administraciones planifiquen mejor. Es el tiempo de la inteligencia artificial y de una cultura de cooperación avanzada. Lo más importante que deberíamos aprender de los Next Generation es a comprar resultados, no a comprar por precio. El criterio precio ni siquiera está en las directivas europeas como una obligación; en otros países se limita drásticamente porque puede falsear la competencia. Debemos dar un paso adelante para comprar valor y perder el miedo a motivar decisiones que no se basen solo en lo barato.

¿Crees que hemos escarmentado respecto a la falta de profesionalización en el sector?

Muchos sectores empresariales han comprendido ya la importancia de conocer las reglas y el potencial transformador de la compra pública. Sin embargo, hace falta una política clara de Estado que dedique recursos a la capacitación y formación. La Comisión Europea ya ha lanzado herramientas como ProcurCompEU que marcan el camino. La clave será que las nuevas formas de hacer las cosas sean validadas por los órganos de fiscalización; ese aval es fundamental para que el gestor pierda el miedo.

El maridaje entre recuperación y sostenibilidad

¿Cómo deben trabajar las administraciones para garantizar que los fondos se alineen con los ODS?

Lo primero es ser conscientes de que los ODS no son una imposición externa, sino parte del derecho a una buena administración. Tienen un alto contenido político sobre el modelo de sociedad que queremos: movilidad, transparencia, educación y condiciones sociales. Esto nos obliga a superar la visión estricta del objeto del contrato. Si el reglamento europeo de los fondos permite valorar, por ejemplo, el combate al desempleo juvenil, debemos cambiar el chip. No se trata de comprar barato, sino de educar el "paladar" de la administración para buscar la calidad y la sostenibilidad.

¿Cómo encaja esta visión con la actual Ley de Contratos?

Encaja perfectamente, especialmente a través del artículo 145. Informes recientes de la Junta Consultiva y de la Comisión Europea insisten en que hay que entender la vinculación al objeto de forma más amplia. La filosofía actual debe ser: si usted apuesta por la sostenibilidad en sentido amplio, está haciendo una buena contratación pública. Esto requiere que el fiscalizador no ponga reparos basados en criterios de oportunidad que no le corresponden, siempre que el objetivo esté alineado con el interés general.

Retos en un mercado global complejo

¿Qué instrumentos tiene la contratación para implementar ODS en un mercado con alta inflación y crisis de suministros?

El derecho no puede remediar todas las situaciones globales, pero puede ser didáctico. Los ODS 2030 marcan una senda de justicia social. Europa tiene una seña de identidad propia y un mercado interno potente; hemos aprendido que la globalización tiene límites y que la protección de los ciudadanos está por encima de cualquier objetivo macroeconómico neoliberal. Es una batalla de "gota fina", de decisión en decisión. El hecho de que el camino sea lento no es excusa para no actuar, sino un acicate para definir la administración del siglo XXI.

¿Cómo imaginas la contratación pública en el año 2029?

Debería ser una contratación tecnológica, profesionalizada y cooperativa. Un modelo que pase de los procedimientos a los proyectos. Mi deseo es que pasemos de la desconfianza generalizada —del gestor hacia el mercado y del controlador hacia el político— a un modelo de colaboración (win-win). Los ODS son la palanca para mover ese cambio. Ojalá en 2029 esto sea una realidad y podamos empezar a pensar en metas todavía más ambiciosas para el mundo.

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Oct 19, 2021
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